29 de septiembre de 2023

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Víctor Jara: martirio y muerte de un artista popular, a 50 años de su asesinato

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Ilustracin Pablo Blasberg
Ilustración: Pablo Blasberg

El cantor popular Víctor Jara, figura central de la Nueva Canción Chilena y referencia del movimiento cultural que se construyó en torno del proceso del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, fue asesinado en el Estadio Chile -hoy rebautizado con su nombre- el 16 de septiembre de 1973 por militares que tomaron parte del golpe militar de la dictadura de Augusto Pinochet que derrocó el gobierno democrático.

Mimo, actor, director teatral, compositor y cantor, Jara fue asesinado de 44 impactos de bala en uno de los subsuelos del entonces Estadio Chile, un centro deportivo techado donde había más de 5000 personas secuestradas por las fuerzas militares, luego de haber sido detenido el miércoles 12 de septiembre en la Universidad Tecnológica del Estado (UTE) donde trabajaba y era profesor, un día después del asesinato de Allende y del derrocamiento de su gobierno surgido en noviembre de 1970 y que pregonaba «la vía pacífica al socialismo».

El martes 11, en una mañana con un clima espeso que preanunciaba las posibilidades de un golpe militar fascista, Jara sale de su casa por última vez y se dirige en su Renault 4 blanco a la UTE por dos motivos principales: uno, seguir la consigna de que ante el peligro de un golpe militar los trabajadores debían asistir a sus lugares de trabajo y permanecer allí; y la otra que iba a ser uno de los números artísticos de un programado acto político con Salvador Allende, que estaba agendado para ese día.

Víctor Jara «Te recuerdo Amanda»

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«El 11 teníamos un acto muy importante, Allende iba a hablar al país desde la Universidad e inaugurábamos también la muestra ‘Por la vida siempre’ en rechazo al golpe y al fascismo, de modo que Víctor llega a la Universidad con su guitarra y se reúne conmigo en mi oficina», relató sobre este día Cecila Coll, entonces jefa del Departamento de Extensión Artística de la UTE.

«Nosotros teníamos la convicción absoluta -agregó Coll- que teníamos que permanecer en nuestro lugar de trabajo».

Profesores y alumnos narran que desde la sede de la UTE ese mismo día ven el vuelo de los aviones que bombardean el Palacio de la Moneda (sede presidencial donde se hallaba el presidente Allende), escuchan las bombas y las metrallas y que desde allí se enteran del golpe militar.

Augusto Samaniego, entonces docente en la UTE, relata que antes de las 18 llega una patrulla militar que les informa que en breve va a dar comienzo un toque de queda y que nadie puede salir de la universidad, asegurándoles que a la mañana siguiente colectivos fletados por el ejército los llevarán hasta lugares desde donde puedan retornar a sus casas.

Esa noche hay balaceras sobre la universidad y a la mañana siguiente llega un grupo de infantería militar y detienen en el patio de la UTE a 600 alumnos, profesores y trabajadores de la universidad, subiéndolos a micros escolares, desde donde los trasladan al Estadio Chile, a donde simultáneamente llegan cientos de cientos de otros apresados en otros lugares de Santiago.

Boris Navia, jefe del Departamento de Personal de la UTE en 1973 relata que mientras están ingresando por una de las puertas al estadio, un oficial descubre la presencia de Víctor Jara en la fila y ordena a uno de los soldados que custodiaban el ingreso de los apresados: «A ese hijo de puta me lo traen para acá», separándolo del resto y dándole orden al soldado de golpear a Jara, lo que hace con la culata de su fusil, dejándolo ensangrentado.

Víctor Jara «A desalambrar»

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Mientras todos los apresados son llevados juntos a una cancha de básquet, a Jara se lo aísla en un pasillo, desde donde tiene contactos esporádicos con el resto de sus compañeros de universidad, uno que se da el viernes 14 cuando lo dejan un momento solo y pueden llevarlo con ellos, donde le limpian las heridas, le dan agua y un huevo crudo, comiendo por primera vez desde la mañana del 12.

Posteriormente es trasladado a un camarín subterráneo del estadio, donde lo torturan (le quiebran costillas y las muñecas), se burlan de él y finalmente un oficial le pega un balazo en la cabeza para luego rematarlo con otros 43 disparos en todo el cuerpo.

Días después, su cadáver aparece en un terreno baldío junto al cementerio metropolitano donde es reconocido por vecinos, que dan aviso público y lo trasladan al Servicio Médico Legal y luego lo entierran en un nicho sin nombre.

En 1970 durante el gobierno de Salvador Allende Jara fue nombrado embajador cultural de su pas
En 1970, durante el gobierno de Salvador Allende, Jara fue nombrado «embajador cultural» de su país

«Él ya sabía hacía tiempo lo que le podía ocurrir. Yo creo que él salió de la casa a enfrentar su destino», destacó en una oportunidad su viuda, la bailarina inglesa Joan Turner Jara, con la que vivía entonces y con quien tuvo una hija: Amanda.

«Víctor –señaló Joan- era un comunicador pero un comunicador que recibía mensajes de las personas con las que se estaba comunicando y que anhelaba expresar las aspiraciones de las personas más humildes de su país».

Nacido en Ñuble en 1932 en una familia campesina, Víctor Jara es uno de los principales animadores de la Nueva Canción Chilena, movimiento que reúne la raíz folclórica del país, las nuevas expresiones de la urbanidad de la sociedad de masas y el compromiso político y que tiene profundas resonancias en la canción popular latinoamericana en la década del 70.

Víctor Jara «La partida»

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En 1957 se integra al conjunto folclórico Cuncumún, del que luego es director y con el que recorre del país y en 1961 realiza una gira por Europa del Este donde reafirma sus convicciones políticas, que lo mantuvieron hasta su muerte como militante del Partido Comunista Chileno.

Al mismo tiempo, estudia mimo y luego comienza a dirigir teatro. La primera obra a su cargo es «Parecido a la felicidad», de Alejandro Sieveking, un resonante éxito en Chile y con la que viajan a América Latina, y luego Alemania, Francia y Europa del Este.

Al mismo tiempo que desarrolla su labor como director teatral emprende su carrera como músico y compositor y es director artístico entre 1966 y 1969 del grupo Quilapayún.

Hablando de la Nueva Canción de su país, declara: «A comienzos de 1967 apareció un disco de Violeta Parra («Ultimas composiciones») con canciones donde ella hablaba de la verdad, de lo auténtico de Chile, que causó una conmoción profunda y sucedió que un grupo de compositores sentimos entonces que ese era el camino que la canción debería tomar en nuestro país».

En otra oportunidad, en Lima, Perú, declaró: «El amor y la relación del amor de un hombre con una mujer, una mujer con un hombre, o de un hombre con sus semejantes, sus hijos, su hogar, la patria, el instrumento con el que trabaja, es la esencia de la razón de ser del hombre, por eso no puede estar ausente de la temática de un cantor popular».

Entre 1966 y 1969 fue director artstico del grupo Quilapayn
Entre 1966 y 1969 fue director artístico del grupo Quilapayún.

«Parecido a la felicidad», «Animas de día claro», «La Mandrágora», «La remolienda», «Antígona», son algunas de las obras teatrales que dirigió entre 1961 y 1969; ese último año ganó con su canción «Plegaria de un labrador» el premio principal del Primer Festival de la Nueva Canción Chilena.

Es autor de canciones como «Te recuerdo Amanda», «El cigarrito», «Luchín», «El manifiesto», entre sus discos solistas figuran: «Víctor Jara» (1966), «Canciones folclóricas de América» (1967), «Pongo en tus manos abiertas» (1969), «Canto libre» (1970), «El derecho de vivir en paz» (1971), «La población» (1972), «Canto por travesura» (1973).


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