26 de mayo de 2024

Diario Colonia Elisa

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Como un mundial por la educación pública

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Superó todas las expectativas y las proyecciones de los organizadores, desbordó todas las calles desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo. Fue festivo, heterogéneo, transversal. Atravesó generaciones, pertenencias sociales y partidarias. Reveló —ya se sabía, pero ayer fue reafirmado con tal contundencia que elevó esta certeza al orden de manifiesto— que la educación pública es un valor identitario fundante para la sociedad argentina, irrenunciable. El estudiantazo del 23 de abril movilizó a una multitud que los organizadores estimaron en 800 mil personas, y que llegó al millón de manifestantes contabilizando las marchas en las principales ciudades del país, también con convocatorias récord. 

Se transformó así en un gran hito político de resistencia a las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei, protagonizado por una porción tan importante de la ciudadanía que no deja margen para las descalificaciones habituales. Que hasta cortó de cuajo la avidez represiva de la ministra Patricia Bullrich, que temprano por la tarde sacó las filas y vehículos policiales a exhibirse amenazantes, para pronto replegar ante los ríos de gente que comenzaban a llegar.  

«Defendemos el acceso a la educación superior pública como un derecho. Creemos en la capacidad igualadora de la educación pública y gratuita, en el poder transformador de la universidad como formidable herramienta de movilidad social ascendente y en el aporte diferencial y sustantivo de la producción científica», decía el documento que leyó en el acto central la cordobesa Piera Fernández De Piccoli, presidenta de la Federación Universitaria Argentina (FUA). «Todos los problemas que tenemos se resuelven con más educación y universidad pública, con más inversión en ciencia y tecnología. Queremos que nuestras instituciones sean el dispositivo que le permitan a la Argentina desandar las desigualdades estructurales y emprender la senda del desarrollo y la soberanía. La educación nos salva y nos hace libres. Convocamos a la sociedad Argentina a defenderla».

También Taty Almeida sumó su voz en las definiciones: «Estoy en nombre de todas las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y de la mesa de organismos de derechos humanos. Pero no solo estoy como madre, también como docente, porque yo también caí en la escuela pública. Hay que defender la enseñanza pública, las universidades, porque es uno de los derechos humanos el derecho a la educación», señaló. Y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel: «La Universidad pública, libre y gratuita es una de las grandes conquistas de nuestro pueblo. Y no vamos a renunciar a ella». Y representantes de todos los gremios docentes de todo el país.

Imaginación al poder

Los mismos conceptos aparecieron estampados como estandartes de la marcha en cientos y cientos, miles de carteles caseros, pegatinas artísticas en las paredes, y hasta remeras estampadas a mano o intervenciones con formas de sombrero, de careta, de títtere. «Que el privilegio no te nuble la empatía». «Rebelate y educate». «Más plata para educar, no para reprimir». «Más Télam, Menos Twitter». «Jamoncito, te vamo a fetear». «No nos querés libres, nos querés ignorantes». «Viva la educación, carajo». «Milei, date cuenta, Conan está muerto y la universidad pública más viva que nunca». Y en un pañuelo blanco: «Los lápices siguen escribiendo». 

Junto a los memes y las frases de los carteles, hablaron también los títulos y autores de los libros elegidos, levantados aquí y allá mientras la multitud avanzaba. Fue una consigna de la marcha: alzar un libro como señal potente para el reclamo. Detrás de muchos podían leerse historias de vida, recorridos personales. Textos de cursada, algunos marcados con posticks. Muchos sobre educación, ciencias políticas, sociología. Varios Nunca Más. Muchas Constituciones. De Marx y Engels. De Lacan o de FreudLa razón de mi vida; Doctrina revolucionaria, de Juan Domingo Perón. De María Teresa Andruetto, Paul Auster, Mariana Enriquez. De Rodolfo WalshLas venas abiertas de Eduardo Galeano; El pueblo que no quería ser gris, de Ayax Barnes y Beatriz Doumerc, hoy un clásico infantil, prohibido por la dictadura militar. 1984, de Orwell. También se vio El loco, la biografía no oficial de quien se convirtió en presidente de la Nación. 

En línea con las camisetas de la selección argentina -se vieron muchas, también banderas-, la idea de «orgullo» apareció como otra consigna marcada en la jornada. «Orgullo UBA», «Orgullo UNLa», «Orgullo FADU», se leyó en muchos carteles, remeras, pins. «Orgullosa de ser primera generación universitaria». «Gracias UNLa, voy a ser la primera licenciada de mi familia». También aparecieron repetidos de diversas maneras nombres como el de René Favaloro o el de César Milstein: «Tengo el honor de recibirme en la misma universidad que Favaloro»

Luche como un estudiante

El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, fue uno de los que prticipó de la marcha, junto a intendentes y funcionarios bonaerenses (ver Buenos Aires/12) y se sumó a la arenga de cantitos: «Universidad, de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode». Se fundió en un emocionado abrazo con Tati Almeida. «Esta es la lucha de las y los universitarios, pero refleja toda una cultura de nuestro país: estamos en defensa del instrumento que nos permitió soñar con un futuro mejor«, advirtió. 

Entre las columnas que avanzaron primero por Avenida de Mayo para ingresar en la plaza se vio a la del Frente Renovador, muy nutrida y con revuelo de micrófonos y pedidos de selfies alrededor de Sergio Massa. Detrás avanzaba la columna de la Juventud Sindical, la de la CGT -y en su bandera Pablo Moyano, Héctor Daer, Sergio Palazzo, entre otros-, y las de diferentes gremios: Unión Ferroviaria, Aeronavegantes, el Suterh con su titular, Víctor Santa María. Enseguida, todos los gremios docentes. Bastantes cuadras más atrás marchaban las columnas universitarias y de secundarios, nuclados con la CEB (Coordinadora de Estudiantes de Base). Cerca se vio a las y los estudiantes de la Uade, la universidad privada que saltó a la agenda pública por anunciar que acompañarían el reclamo por la universidad pública. 

«Algún día a esto alguien lo va a estudiar. Porque chicas, ¿no creen que esto va a quedar en los libros de historia? ¡Y la Spighich a alguien se lo va a tomar!». El balance entre carcajadas, con broma interna de profesora también histórica, de un grupo de chicas de secundaria, contenía descripciones precisas y asombros compartidos. Venían de militar la marcha también el día anterior en su colegio, con «ruidazos», «jornadas», actividades a las que también se sumaron sus profesores. Así como en distintas universidades hubo vigilias y actividades especiales para esperar esta marcha.  Que culminó con un video viral y un pedido por redes: «Mire Presidente. Porque lo ve todo el mundo. Salga de Twitter. Mire cómo defendemos nuestra educación». 

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