21 de julio de 2024

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Las Reservas Naturales de la Defensa protegen 400 mil hectáreas de ecosistemas argentinos

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La reserva de Ascochinga en Crdoba Foto Parques Nacionales
La reserva de Ascochinga en Córdoba. /Foto: Parques Nacionales.

Desde las selvas paranaenses en Misiones hasta la estepa patagónica en Chubut, la red de Reservas Naturales de la Defensa, integrada por 18 predios de las Fuerzas Armadas y organismos del Ministerio de Defensa protege la biodiversidad en más de 400 mil hectáreas en 13 provincias argentinas.

Muchos de estos predios presentan un alto grado de conservación de sus características naturales debido a que la presencia y uso militares permitieron que estos sitios mantuvieran su flora y fauna original.

El procedimiento

A partir de la identificación de un área de interés por parte del Comité Ejecutivo integrado por representantes de la cartera de Defensa, del Estado Mayor Conjunto, de cada una de las Fuerzas Armadas y de la Administración de Parques Nacionales, se inicia una etapa de investigación y análisis realizada por representantes de la Administración de Parques Nacionales y la Fuerza Armada responsable de la administración del predio.

Durante esta etapa se procede a la identificación de los valores naturales y culturales que pudieran ser objeto de conservación y al análisis del tipo de acciones militares a las que el predio se encuentra sometido, tales como prácticas de supervivencia, prácticas de tiro o maniobras de desembarco.

En caso de corresponder, se señala la importancia de la creación de una Reserva Natural de la Defensa y la declaración del predio como parte del Sistema de Reservas Naturales de la Defensa se realiza a través de la suscripción de un protocolo adicional al convenio con Parques Nacionales.

Punta Buenos Aires Foto Parques Nacionales
Punta Buenos Aires. /Foto: Parques Nacionales.

Una vez creada la Reserva Natural de la Defensa, se conforma un Comité Local con participación del personal de la Administración de Parques Nacionales y la Fuerza Armada correspondiente, el que es el responsable de ordenar las actividades de la Reserva y asegurar su adecuado manejo sin afectar su función militar primaria y específica.

En diálogo con Télam, el director de Inmuebles, Reservas e Infraestructura del Ministerio de Defensa, Pablo Serenelli, afirmó que «una de las primeras cosas que se detectó cuando se comenzó a trabajar sobre la idea de crear Reservas Naturales de la Defensa es que los predios de las Fuerzas Armadas mantienen altos niveles de conservación de la biodiversidad y que tienen la potencialidad de restaurar los ecosistemas en ámbitos en donde las tierras que los rodean fueron transformadas por distintas actividades económicas».

«No se trata sólo de predios de las Fuerzas Armadas, hablamos de Reservas Naturales de la Defensa porque algunas de ellas están en predios costeros del Servicio de Hidrografía Naval (SHN) o como en el caso de Ascochinga en donde la obra social de las Fuerzas Armadas (IOSFA) tenía una finalidad recreativa o turística; lo que se busca es dotar del máximo nivel de protección a la biodiversidad de esos ambientes sin condicionar las actividades propias de la Defensa», indicó.

El funcionario explicó que «hay veces que lo que podemos hacer cuando detectamos un punto de interés de conservación es trasladar actividades a otro punto del mismo predio, o podemos organizarlas en el momento en el que generen menor impacto posible, de todos modos, lo que la evidencia viene demostrando es que la actividad militar genera un impacto muy reducido en esos predios y por eso se volvieron tan importantes en términos de conservación».

«Si bien parte de las Reservas Naturales de la Defensa son producto del inventario que se impulsó en 2007, muchas de las que se fueron creando no estaban contempladas en ese proceso, sino que fueron surgiendo en el trabajo en conjunto con organizaciones conservacionistas y actores locales que fueron sumando propuestas que luego analizamos con la Administración de Parques Nacionales; no se trata de una discusión por proteger una hectárea más o una hectárea menos, sino de identificar cuál es el interés de conservación y darle la máxima prioridad posible sin afectar las necesidades propias de la Defensa en ese lugar», comentó.

Serenelli destacó que «así como estamos trabajando en la posibilidad de establecer nuevas Reservas Naturales de la Defensa, también trabajamos desde finales de 2020 en lo que se conocen como ‘Reservas Naturales Urbanas de la Defensa’ que desarrollamos en acuerdo con gobiernos locales en predios militares que se convirtieron en pulmones rodeados por el desarrollo urbano».

En este sentido ya se avanzó en las reservas urbanas de El Palomar y Castelar junto al municipio bonaerense de Morón y la reserva Campo de Mayo a través de un decreto presidencial.

«Son áreas verdes que es importante conservar en tejidos urbanos muy densos y que además juegan un indispensable rol de amortiguación entre ese tejido urbano y las actividades militares», completó.

Un uso que no es incompatible con el ambiente

En tanto Federico Granato, presidente de la Administración de Parques Nacionales, afirmó a Télam que «las Reservas Naturales de la Defensa son una buena estrategia para entender que el uso que se le da a estos predios no es incompatible con la protección del medio ambiente, y que esa estrategia incluya a Parques Nacionales en el diseño de políticas de conservación lo hace aún más valioso».

La reserva Baterias Charles Darwin Foto Parques Nacionales
La reserva Baterias Charles Darwin. /Foto: Parques Nacionales.

«Un Parque Nacional es la máxima categoría de conservación, pero eso también reduce o le pone restricciones a las actividades que se podrían desarrollar, por eso es importante la búsqueda de consensos que permite establecer distintos niveles de protección para ir construyendo un mosaico cada vez más grande de áreas protegidas», finalizó.

Las reservas, una por una

En septiembre de 2008 se estableció la reserva «Punta Buenos Aires» en un predio de 7.000 hectáreas de estepa patagónica en la provincia de Chubut, en noviembre de ese mismo año fue el turno de la reserva «Puerto Península» sobre 8.800 hectáreas de selva paranaense; en julio de 2009 se constituyó la reserva «La Calera» en 13.628 hectáreas de espinal en la provincia de Córdoba, mientras que en noviembre de 2012 se consolidaron en la provincia de Santa Fe la reserva «Campo Garabato-Álferez Arillo» en 2.654 hectáreas de Chaco Húmedo y la reserva «Isla El Tala» en 2.000 hectáreas de Delta e Islas del Paraná.

Luego, en septiembre de 2013 se estableció la reserva «Baterías-Charles Darwin» en 1.000 hectáreas de pampa austral en la provincia de Buenos Aires, en diciembre de 2014 fue el turno de la reserva «Quebrada del Portugués» en 5.000 hectáreas de yungas en Tucumán y de la reserva «Ascochinga» en 3.389 hectáreas de espinal en Córdoba.

Mientras que en febrero de 2021 se consolidaron la reserva «Uspallata» en 215.375 hectáreas de monte de sierras y altos andes en Mendoza, la reserva «Isla Martín Fierro» en 211 hectáreas de delta e islas del Paraná en Entre Ríos, la reserva «Faro Querandí» en 44 hectáreas de dunas costeras bonaerenses, la reserva «Faro Punta Delgada» en 550 hectáreas de estepa patagónica en Chubut y la reserva «Estancia Los Manantiales» en 121.400 hectáreas de monte de sierras y altos andes en San Juan.

En mayo de 2023 se presentaron la reserva «Primeros Pinos» en 956 hectáreas de estepa patagónica en Neuquén; la reserva «Cerro Largo» en 60 hectáreas de sierras septentrionales en Buenos Aires, la reserva «Campo General Ávalos» en 7.620 hectáreas de espinal en Corrientes, y la reserva «Faro San Antonio» en 550 hectáreas de pampa en Buenos Aires.


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